
Las cinco leyes biológicas establecidas por el Dr. Hamer, a partir de sus rigurosas investigaciones, describen los procesos orgánicos, cerebrales y psíquicos que atraviesan todos los seres vivos una vez que ejecutan los programas especiales de la naturaleza con pleno sentido biológico que comúnmente llamamos "enfermedades". Estos programas especiales tienen como objetivo proporcionar adaptaciones en estos niveles que le permitan al individuo optimizar sus posibilidades de supervivencia.
En la naturaleza, los animales frecuentemente resuelven los conflictos a los que se ven confrontados de una manera rápida (una presa que es perseguida por su depredador logra exitosamente huir y encontrar refugio, y así transitar brevemente su proceso de reparación). En cambio, para el ser humano, muchas veces estos conflictos se extienden en el tiempo sin ser resueltos, o con resoluciones parciales y recaídas, e incrementan su masa conflictual agravando el cuadro, incluso poniendo en riesgo la propia vida.
1ra Ley Biológica: Ley de Hierro del Cáncer
Toda enfermedad cancerosa comienza por un D.H.S., es decir, por un choque extremadamente brutal, agudo y dramático, que toma al individuo a contrapié, en el sentido que no estaba preparado, y lo deja en una total impotencia ante su miedo.
Frecuentemente, el sufrimiento causado por el choque es vivido en aislamiento y percibido por el paciente como el más grave que le haya tocado vivir. Este evento de tipo “choque” concierne, ya sea, a los seres y/o a las cosas que tiene como más preciadas la persona que se enfrenta a éste (el orden de las palabras no es indistinto), o bien, constituye una amenaza vital. Para una cierta cantidad de casos, el evento de tipo “choque” puede reunir estas dos características.
Es el tenor subjetivo del choque, la manera, incluso el lugar del cuerpo en donde el paciente ha “sentido” consciente, o inconscientemente, en el instante del D.H.S. el que determina:
Los focos de Hamer, es decir, las áreas cerebrales específicas que bajo el embate del choque psíquico son el punto de partida de la enfermedad en los niveles orgánico y/o cerebral. No hay que perder de vista que durante un choque dramático, varias sensaciones coexisten, y constituyen cuáles son las facetas del conflicto.
La localización del cáncer en los órganos, más precisamente, los tejidos en concordancia con las áreas cerebrales.
Desde el instante del D.H.S. hay una evolución sincrónica, precisa y constante entre la evolución del conflicto a nivel psíquico y aquella del cáncer a doble nivel, cerebral y orgánico.
2da Ley Biológica: Ley de la evolución bifásica de las enfermedades
Toda enfermedad está caracterizada por una evolución bifásica a condición de que el conflicto haya sido resuelto.
Todo programa biológico -a condición de que haya sido resuelto- discurrirá, a partir del choque biológico:
Por una primera fase o FA (fase activa) de carácter simpaticotónico sostenido, que en función de su intensidad y duración determinarán su masa conflictual. La FA culmina con la resolución del conflicto, o CL (conflictólisis).
Aquí comienza la segunda fase, o PCL (post-conflictólisis), de carácter marcadamente vagotónico (regido por el sistema parasimpático). En esta segunda fase distinguimos claramente 3 etapas sucesivas:
Etapa PCL-A, o fase exudativa, marcada por los sintomatología más acentuada como: fatiga, fiebre, dolores, inflamación, vasodilatación, sudoración, etc.
Crisis epileptoide, o CE, que sucede como una brusca y repentina vuelta a la simpaticotonía, con una recapitulación inconsciente del conflicto.
Etapa PCL-B, o etapa cicatricial, que es la etapa de reparación de los tejidos propiamente dicha.
Una vez culminado todo este proceso, el individuo vuelve a la normotonía.
3ra Ley: El sistema ontogenético de los tumores o equivalentes cancerosos
El sistema ontogenético se apoya en la filogénesis, la embriología, el estudio de la génesis y disposición de los focos de Hamer en el cerebro, así como de las anamnesis realizadas con pacientes, tanto desde el punto de vista de sus interpretaciones subjetivas como de su evolución clínica, y de los resultados de los exámenes anatomopatológicos, como de otros exámenes paraclínicos.
Los relés situados en el cerebro antiguo (tronco cerebral y cerebelo) encuentran resonancia con los tejidos del endodermo y del mesodermo viejo. Los programas biológicos arcaicos que les corresponden sólo pueden conducir a la formación de masa en estos tejidos, durante la fase de conflicto activo. Una vez alcanzada la conflictólisis, esta masa frena su crecimiento. Esto puede conducir, luego de la intervención de gérmenes que se corresponden con estos tejidos, según la cuarta ley, ya sea, a hacer desaparecer completamente esta masa, o bien, en ausencia de estos gérmenes, a dar lugar a un proceso de enquistamiento.
Los relés situados en el cerebro nuevo (sustancia blanca y corteza cerebral) encuentran resonancia con los tejidos derivados del mesodermo nuevo y del ectodermo. Los programas biológicos arcaicos que les corresponden pueden conducir, según el tejido, ya sea, a necrosis, o bien, a bloqueos durante la fase de conflicto activo. Una vez alcanzada la conflictólisis, son programas de reparación inversa de los tejidos, o de recuperaciones funcionales que tienen lugar con la eventual presencia de los microorganismos que les corresponden, según la cuarta ley.
En conclusión, ciertos tejidos dan lugar a proliferaciones celulares durante la fase de conflicto activo, y en otros, recién cuando el paciente ha encontrado la solución que le permite soltar.
4ta Ley: El sistema ontogenético de los microbios
Las clasificación de los microbios puede efectuarse en función de las hojas embrionarias de las cuales derivan los tejidos que “tratan”:
Los hongos, las micobacterias y ciertas bacterias como el E. Coli, o el estafilococos, tratan a los tejidos endodérmicos controlados por el tronco cerebral.
Las micobacterias y las bacterias tratan a los tejidos mesodérmicos controlados por el cerebelo (mesodermo antiguo).
Las bacterias tratan a los tejidos mesodérmicos controlados por la sustancia blanca (mesodermo nuevo).
Los virus tratan únicamente a los tejidos ectodérmicos controlados por la corteza cerebral. Esto resulta lógico si consideramos a los virus como vectores de información para nuestras células (no patógenos).
Todos los microbios, sin excepción, trabajan exclusivamente durante la fase que sigue inmediatamente desde la conflictólisis hasta el fin de la sanación: no trabajan ni antes, ni después. Antes de su intervención, eran considerados, al día de hoy, como “gérmenes no patógenos”.
5ta Ley: Ley de la Quintaesencia de las enfermedades
Toda enfermedad debe comprenderse como parte de un programa especial de supervivencia, un ahorro de tiempo, con total sentido, y puesto por la naturaleza. Tiene un sentido biológico: un "para qué".
El sentido al que apuntamos aquí no tiene nada que ver con nuestros criterios actuales de apreciación. De hecho, estos programas demuestran ser los más exitosos para asegurar la supervivencia de los seres vivos. “Esta ley es, de alguna manera, la quintaesencia de las cuatro precedentes, pero, además, nos abre una nueva dimensión en nuestra comprensión de las enfermedades, religándonos con el conjunto de seres vivos del cual formamos parte” (Dr. Hamer).
Andrés R. Ferrante
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